Manuel Martín

Blog personal

Las mesas de la biblioteca

Una biblioteca, en época de exámenes, se convierte en el centro social de la juventud. Como el hogar de la tercera edad del pueblo, pero para universitarios. Allí, entre sillas, libros, fluorescentes y la típica señora antipática que bien podría estar ahí o en la recepción de un hospital, los estudiantes pasan su particular calvario cada cuatrimestre. También hay mesas. Las mesas son, para algunos, el Muro de las Lamentaciones. “Estoy hasta la polla de todo”. Para otros, un lugar en el que declarar su amor como si se encontraran en el mismísimo Puente Milvio jurándole a su amada permanecer juntos hasta la eternidad. Las tánganas futbolísticas no faltan. Tratándose de Logroño, siempre hay algún gracioso que dibuja el escudo del Osasuna para crispar al personal. Lo más importante es tocar los cojones. Los indignados también abundan, da igual el tema. Desde un profesor, al opresor sistema capitalista pasando por el conflicto palestino-israelí. “Esta noche toca parra pa pa pa” -se aconseja leer al ritmo de la canción Rap das Armas-. A la gente se le va la olla.

Las mesas son lugares de sufrimiento, desesperación, agonía, muerte y destrucción. Uno se plantea qué está haciendo con su vida y sería capaz de hacer cualquier cosa con tal de salir de allí, hasta ponerse a estudiar en serio. En esa lucha continua entre cuerpo y mente, hay gente que se ha quedado dormida, que ha pillado cacho o que ha deseado matar a la persona más cercana. Nada que no haya pasado antes al pie de una barra, como hacer declaraciones de amor eterno. Es posible incluso que la misma persona haya sufrido las mismas situaciones en ambos sitios. El tío que liga en una biblioteca puede hacerlo donde quiera. Por norma general, este guaperas al que le tienes asco desde antes de conocerle tendrá los ojos bonitos, cautivadores, profundos e interesantes, como los de Jude Law, Zooey Deschanel o Claudia, una amiga de mi hermana.

La siguiente fase llega cuando las mesas se convierten en tablones de anuncios. Fulanita come rabos. Fantástico. El personal intentando aprender la composición de vete tú a saber qué molécula, memorizando el Código Penal o intentando meter mano a su compañera cuando le llega esa información. En el primer momento piensas si conoces a Fulanita, luego te lamentas. A  las tres décimas de segundo te gustaría saber quién es y dos milésimas más tarde te preguntas si estará hoy por el Campus. A partir de ahí estás bloqueado para el aprendizaje y el estudio durante al menos cinco minutos.

Es curioso lo lento que pasa el tiempo cuando estudias, como si tu equipo fuera ganando por 0-1 en el minuto 80. Sin embargo, el estudiante siempre sabe sobreponerse. Una vez pasado el shock, inevitablemente, sin que el hombre uncido en su silla pueda hacer nada, viene otro. Esta vez es el asombroso paseo de la chica del pantalón vaquero apretado que ya es la quinta vez que se levanta. ¿Es que no tiene nada que hacer? Lo mismo que tú. Te mira fugazmente y caes en la trampa. Ya te has enamorado y crees que la tienes en el bote. Compruebas que llevas el condón de emergencia en la cartera y sabes que no está caducado porque le hiciste la última revisión el sábado. Compañero, no tengas ninguna duda de que ese condón te acompañará hasta el fin de tus días. Es posible que si no te revisan los bolsillos en caso de accidente, te entierren con él. En ese fugaz lapso de tiempo, ella ha desaparecido. No sabes dónde ha ido pero sí que no va a volver. En estas ocasiones sería importante tener a mano el número de Paco Lobatón. El de Iker Jiménez tampoco estaría mal. En caso de tenerlo, el bueno de Iker podría llenar una temporada entera de programas si te da por mandarle psicofonías vía whatsapp los sábados a las siete de la mañana.

Ya de vuelta a la realidad te das cuenta de que quizá todo ha sido una alucinación. Tu mente no puede más. Tiras la toalla. Ni siquiera sabes poner en números romanos las veces que lo has hecho en la última media hora. Es hora de irte a casa. Derrotado y superado por la situación, una vez más. Eres un perdedor en potencia. El Johnny Drama de la biblioteca, el padre de Milhouse y Michael Ballack, todos a la vez. Sabes cómo actuar con la dignidad suficiente porque esta sensación para ti no es nueva, te ocurre cada fin de semana. Al fin y al cabo, una mesa de biblioteca no es tan diferente de una barra de bar.

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Esta entrada fue publicada en 31 mayo, 2013 por en Personal y etiquetada con , , , , , , , , , , .
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