Manuel Martín

Blog personal

Los costes de la guerra

Mentiría si dijera que no me he imaginado nunca en un conflicto armado. Corresponsal, enviado especial o colaborador. Incluso como integrante de un batallón gracias a que Hollywood ha conseguido meterte en la piel de un personaje. La miseria que el ser humano es capaz de alcanzar llega a lugares inimaginables en una guerra. Y es allí, donde se desarrollan los acontecimientos donde a uno le gustaría estar. Por vocación. Por saber de primera mano qué es lo que ocurre y contárselo al mundo. “Oye, que aquí pasa esto. Esto es lo que hay”.

La muerte y la miseria siempre han sido un buen sitio donde conseguir historias. Donde uno no sabe en qué lugar posar sus ojos ante tantas situaciones que le rodean y a las que no está acostumbrado. Como decía el recientemente fallecido Enrique Meneses: “ir, oir, volver y contar”. Nada más.

Sin embargo, cuando formas parte de la guerra también te puede tocar a ti. Veía hace unos días un vídeo (no recuerdo la fuente, por eso no la cito), en el que un periodista moría en Siria. Otro periodista que dejaba la vida en acto de servicio. Uno de tantos que pasaba a engrosar una larga lista en la que a bote pronto me vienen a la cabeza nombres como Anguita o Couso. Son muchos más. No sería justo que no recordáramos a todos, así que lo dejamos con los que más rápido me vienen a la memoria.

Una tarde cualquiera. Luce el sol o está nublado, qué más da. Las balas no entienden de fenómenos meteorológicos. O sí, si le preguntamos a un francotirador apostado a 500 metros del objetivo. Te dispones a cruzar una calle detrás de un miliciano. Corres. Pum, pum, pum. Te han disparado no sabes ni de dónde y estás en el suelo. Todo ha acabado para ti. Tu sueño se acaba de convertir en tragedia para tu familia, amigos, compañeros y conocidos. Esa cantidad de historias que querías llevarle al mundo, de repente se esfuma y la historia que recibe el mundo es la tuya.

Periodista asesinado en Siria from Manuel Martin on Vimeo.

Y aún con esas. Conociendo los riesgos que entraña estar en la primera línea de batalla, junto al olor a muerte, sangre y sufrimiento, te gustaría estar allí. Porque en tu cabeza retumba el pensamiento de que la sociedad merece saber qué está pasando allí y porqué. Incluso tú mismo te tomas por un loco y piensas si merece la pena.

Seguro que merece la pena.

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Esta entrada fue publicada en 23 enero, 2013 por en Periodismo y etiquetada con , , , , .
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